la montaña rusa de las emociones

roller coasterSiempre me han gustado las montañas rusas – ¡mientras más altas y aterradoras sean mejor! Me encanta la sensación de riesgo y aventura y velocidad… siempre que me sienta a salvo y segura por los broches y las barras que me mantienen firme dentro del carro. Me gusta el panorama y los lugares que se ven desde los puntos más altos… y nunca le doy importancia a la sensación de vuelco en el estómago mientras el carro desciende a los puntos más bajos o rechina al girar en las curvas. El viento en mi cabello, los gritos en mi garganta, las manos en alto… intencionalmente busco ese tipo de diversión en los parques de entretenimiento.

…pero no quiero esa misma experiencia cuando regreso a casa. 

De alguna manera cuando los acontecimientos de la vida tienen las mismas características de riesgo y velocidad y cambio, ya no se siente tan divertido.

Los últimos días se han sentido como una montaña rusa de emociones para mí. He estado en los pináculos más altos de nuevas amistades, de un trabajo estimulante y motivador, y de progresar hacia establecernos en una nueva casa. En horas, también he viajado a los bajos valles de la lucha familiar con enfermedades mortales que tocan a la puerta, temor y cansancio, cargando la culpa de no poder hacer más, y en el duelo de la pérdida del una vez vibrante padre quien ahora apenas reconoce mi voz cuando llamo. 

Estos altibajos también afectan mi estómago, pero ahora son gemidos y dolor en vez de vuelos emocionantes, y sí me importa, y desearía que desaparecieran.

Di una charla en un retiro este fin de semana acerca de la necesidad de invitar a otros a nuestras aventuras de vida y buscar algo que apreciamos incluso en los momentos difíciles. La actitud del corazón y la ayuda de otros hacen una gran diferencia para mí cuando mi vida está torciéndose y dando vueltas en todas direcciones en cortos plazos. Me siento más segura en mi jornada salvaje cuando mi fe me sostiene con fuerza y mis amigos se sientan junto a mí en el carro.

Reconozco que los pináculos y los valles serán parte de mi experiencia hasta que el viaje termine. A veces lentamente me tambalearé a lo largo de un camino recto y suave, pero las alocadas pistas de bombeante adrenalina se encuentran justo por delante. Estoy aprendiendo que si considero los retos de la vida como una aventura, como una inevitable oportunidad para crecer y confiar, y si no intento tomar el viaje sola, no es tan aterrador para mí. Incluso es divertido en ocasiones.

¿Te gustan las montañas rusas? ¿Cómo viajas en la emocional montaña rusa de la vida?

un lugar para crecer, un lugar para pertenecer

Estamos terminando un poco más de 17 años de ministerio en México; estamos acomodando nuestras cosas, pasando la estafeta… y mi esposo ha estado “subiendo” fotos (muy) viejas a Facebook. Algunos de esos años de ministerio fueron increíbles –mucho crecimiento, emoción, impacto. Al reflexionar en ese tiempo, me di cuenta de que estábamos viviendo nuestros valores. Esos valores todavía son relevantes hoy en día a medida que avanzamos hacia el siguiente paso…

Fe: Todos confiamos en Dios para cosas grandes y tomamos pasos de fe. Mudamos a nuestra familia – con cuatro niños pequeños – a otro país y comenzamos algo nuevo donde no había nada. Dirigimos un equipo internacional; muchos de ellos también habían salido de su zona de comodidad y dejado sus hogares. Los estudiantes dieron pasos de fe para comenzar una relación con Dios aún cuando experimentaron el rechazo de sus amigos y de su familia. Los coordinadores y los estudiantes compartieron valientemente con otros, tomaron nuevas responsabilidades, le pidieron a Dios que tomara el control de su futuro.

¿En qué área Dios me está pidiendo dar un paso de fe?

Desarrollo/Crecimiento: Nos comprometimos a crecer en comunidad y ayudar a otros a crecer para que llegaran a ser todo lo que podían ser. Oramos por nuestros compañeros de equipo y por nuestros discípulos, diseñamos y seguimos planes semestrales para enseñar lo básico y proveer experiencias, retiros, proyectos de verano, etc. todo para crear un ambiente de crecimiento. Trabajamos en equipo y frecuentemente compartimos el liderazgo. Dejamos el camino libre para que otros pudieran toma; el liderazgo. Invitamos a equipos de otros lugares a venir, aprendimos de ellos y ellos de nosotros.

¿Qué estoy haciendo para desarrollar personalmente y a quiénes que están a mí alrededor?

Efectividad/Fruto: Nos interesaban los resultados. La efectividad es el fruto de vidas cambiadas – para la eternidad. Evaluamos nuestras metas y nuestro progreso regularmente. Pedimos la retroalimentación de los demás y con gusto cambiamos el formato de las reuniones, probamos ideas locas, inventamos nuevos materiales. A veces hicimos las cosas diferentes para compensar alguna debilidad, a veces para ajustarnos al increíble crecimiento. No nos conformamos con el status quo.

¿He hecho una evaluación honesta últimamente? ¿Necesito hacer algunos cambios para lograr una mayor efectividad?

Unidad: Nuestro trabajo en la universidad gozaba de una unidad increíble en el propósito y en las relaciones personales. Culturas, trasfondos, campos de estudio y edades diferentes se juntaron para aprender y crecer juntos. Nuestro lema al principio fue “un lugar para crecer, un lugar para pertenecer”. Nuestros equipos de coordinadores y de estudiantes trabajaron duro lado al lado para crear sketches buenísimos, fiestas, campañas de evangelismo y congresos para una visión y pasión mucho más grandes que ellos mismos. Los estudiantes sacrificaban su tiempo y su dinero los unos por los otros. La gente nueva se sentía bienvenida y surgieron profundas, auténticas y solidarias relaciones de amistades que duran toda la vida al estudiar la Palabra, orar… comer y jugar juntos.

¿Qué estoy haciendo para construir la unidad en mi equipo o en mi organización?

Integridad: Junto con la diversión, hubo también tiempos difíciles. Confrontamos la mentira, el soborno, la inmoralidad, los conflictos interpersonales, los intentos de suicidio – tentaciones y batallas espirituales de todo tipo. No ignoramos, ni escondimos, ni justificamos ningún comportamiento que pudiera sembrar la semilla de la división entre la gente y Dios. Enseñamos que Dios cuida de cada parte de nosotros; no podemos tener pecado en algún área sin afectar todas las demás. Tratamos de vivir ese ejemplo también.

¿Hay algún área de mi vida a la que le falte integridad?

¿Cómo responderías estas preguntas? ¿Cómo podrías transformar tu lugar de trabajo o ministerio en un lugar para crecer, un lugar para pertenecer?

(** Si estuviste involucrado en el ministerio, por favor ¡comparte con nosotros tus recuerdos!)

usa el pasado para construir tu futuro

Este mes Facebook y Twitter están llenos de “nuevos comienzos”… todos con pensamientos de dejar atrás el año pasado y comenzar de nuevo. Me encanta la idea de tener nuevos comienzos, pero he estado pensando acerca del hecho de que también es importante construir encima del pasado – no solamente borrarlo y dejarlo en el olvido…

Para mí, el año pasado es importante para construir el futuro.

  • el pasado me muestra dónde necesito crecer

Es una experiencia de humildad repasar el año pasado y reconocer dónde metí la pata o en dónde alguien me ha señalado que necesito crecer. Recuerdo las evaluaciones de mi trabajo que indicaron mis debilidades en mi liderazgo. Recuerdo tener que disculparme con mis compañeros de trabajo porque mi nivel de estrés me volvió crítica y gruñona. Recuerdo comentarios en mis trabajos de la maestría que me indicaban nuevos métodos de escritura que no conocía o que me desafiaban a atreverme y tomar más riesgos. Tendré muchas oportunidades para crecer este próximo año. Ya escribí de una idea de anotar algunas de estas áreas ahora para que al final del año pueda ver la diferencia.

  • el pasado me recuerda que no estoy en control

Hay muchas cosas que pasaron el año pasado que no hubiera hecho de esa manera SI yo hubiera estado en control. No hubiera tenido a tanta gente querida enfrentando la muerte, o luchando contra el cáncer, o heridas por comentarios crueles, o con dificultades para pagar las deudas, o… pero no pude detener ese dolor y no pude hacer que otras cosas buenas que deseaba sucedieran. Dios es Dios, y yo no. El pasado me recuerda esa verdad, hoy y para el futuro.

  • el pasado enseña que puedo tomar decisiones cada día

Tengo el poder de decidir CÓMO manejaré lo que sucede cada día. ¿Le daré la bienvenida a la adversidad con fe o con temor? ¿Trataré a la gente con amor o con juicio? ¿Pasaré tiempo en reflexión o estaré demasiado ocupada para ella? ¿Desperdiciaré mi tiempo o invertiré mi salud, energía, experiencia y recursos para el bien de otras personas? No siempre tomé las mejores decisiones el año pasado; lo sé, pero sí tomé algunas… y tengo la oportunidad de tomar nuevas decisiones hoy y en los días por venir.

  • el pasado confirma que Dios es presente y es bueno

Sin importar lo que vea del pasado, me doy cuenta de que Dios redimía, restauraba, renuevaba y refrescaba – aún en las situaciones difíciles. Tuve tiempos maravillosos con mi familia, increíbles recuerdos, grande amigos, risas, metas alcanzadas… y también oré oraciones de angustia y lloré por las injusticias, tragedías y dolores de este mundo. Él siempre estaba ahí y siempre estuvo involucrado. Mis experiencias pasadas me dicen que Él estará presente y trayendo algo bueno en el año que viene.

Se dicen que, “la realidad es nuestra amiga”. El pasado es parte de nuestra realidad; el pasado es nuestro amigo. Posiblemente quieres tomar el tiempo para reflexionar acerca del año pasado en los siguientes días… aprender sus lecciones… y construir sobre ese pasado para tener un futuro aún mejor.

Me encantaría saber… ¿Qué te enseñó el año pasado?