¿cómo se ve un movimiento?

Después de leer mi post “¡sé parte de un movimiento!”, un amigo me pidió más detalles. Él quería saber más acerca de cómo se ven los movimientos… Me encantaría compartir eso contigo.

Definimos un movimiento como: “Dios trabajando a través de un equipo de personas con un mismo corazón que están ganando, edificando y enviando.”

Un movimiento incluye cuatro elementos:

  •  Conectar a la gente perdida con Jesús
  • Discipulado que cambia vidas
  • Líderes multiplicadores
  • Genera recursos locales (visión, gente, ideas, dinero, sistemas, etc.)

En ambos movimientos, estaba claro que Dios estaba haciendo el trabajo. La oración personal y en grupo era algo común – a veces programada, muchas veces espontánea – debido a un profundo sentido de dependencia de Dios. Estudiamos su Palabra y dimos pasos de fe. Confiamos en el Espíritu Santo para que nos controlara y nos guiara. No sé si nuestras acciones “causaron” que hubiera un movimiento – eso fue solamente la decisión de Dios, pero fuimos intencionales al abrir nuestro corazón para que Él pudiera trabajar en nosotros.

El equipo fue otro factor clave. Uno de los equipos de movimiento incluyó muchos coordinadores de tiempo completo y estudiantes líderes; el otro tenía solamente una coordinadora y un grupo de adultos voluntarios. En cada uno de los casos el equipo estaba apasionado por alcanzar a su audiencia para Cristo. Los miembros del equipo estaban comprometidos unos con los otros – creciendo en su carácter, comunicándose, compartiendo responsabilidades, aprendiendo y capacitándose, disfrutando el trabajo y la vida juntos. Los equipos no eran perfectos – a veces hubo conflictos de personalidad; a veces los miembros no querían hacer su parte del trabajo; a veces los voluntarios decidieron involucrarse en algo más… pero el equipo proveyó de la fuerza y el ánimo necesarios para la tarea.

En ambos movimientos, estábamos comprometidos con el evangelismo – conectando a la gente con Jesús. En el movimiento universitario, intencional y estratégicamente compartimos con cualquier estudiante que venía por segunda vez a una reunión. Capacitamos a nuestros coordinadores y estudiantes en cómo evangelizar y muchas veces fuimos juntos a compartir.  El movimiento de mujeres también estaba comprometido a capacitarse y compartir de Cristo en su estudio de un libro; ellas frecuentemente tenían la oportunidad de compartir uno a uno después de una pequeña reunión del grupo. Ambos movimientos también organizaron numerosos eventos especiales evangelísticos. Basicamente, el evangelismo era una prioridad – en el corazón y en la práctica.

La increíble transformación sucedió a través de un discipulado que cambia vidas. En ambos casos, vimos un crecimiento en el deseo de conocer la Palabra de Dios y aplicarla en la vida. Enseñamos el seguimiento básico, el ministerio del Espíritu Santo y otros estudios bíblicos. Los estudiantes escogieron no mentir o sobornar a sus profesores para obtener mejores calificaciones. Las mujeres escogieron perdonar a sus esposos y fortalecer sus matrimonios. Las parejas de novios escogieron terminar su relación en lugar de seguir cometiendo inmoralidad. Las madres escogieron reconciliarse con sus hijos. Los estudiantes escogieron servir a Dios en el ministerio después de graduarse.

Líderes multiplicadores. En el movimiento estudiantil, registramos cadenas de discipulado hasta de cuatro generaciones. En el movimiento de las mujeres ¡perdimos la cuenta de las generaciones! Se volvió algo “normal” para todas invitar a sus amigas a los eventos o estudiar el seguimiento con algunas amigas, o dirigir grupos pequeños, o ser anfitriona de un grupo de estudio de un libro. Los estudiantes y voluntarias lideraron alcanzando áreas de la universidad o dirigiendo actividades del ministerio (oración / eventos sociales / seguimiento) o afinando detalles de los eventos. Todos encontraron un lugar para servir.

No hubo falta de recursos. Los estudiantes seguido se ofrecían a traer botanas y comenzaron a apoyarse unos a los otros y/o a trabajar juntos para enviarse unos a otros a congresos y viajes misioneros. Hubo muy pocos subsidios de afuera. Las mujeres tenían estudios en sus casas, compartían la comida, y donaron muchas cosas y dinero para los eventos evangelísticos para que siempre fueran autofinanciables y muchas veces hasta hubo ganancias. Continuamente surgían ideas creativas. Creamos nuevos materiales y formamos nuevas alianzas. Reclutamos más gente.

Dios nos bendijo. Se volvió imposible medir el impacto mientras la creatividad floreció y la iniciativa comenzó a crecer. Años después, ese ministerio universitario sigue produciendo obreros. Muchos de los que se graduaron comparten de Cristo en su lugar de trabajo y llevan su matrimonio e hijos al Señor. El movimiento de mujeres continúa su trabajo en proyectos que se van a expandir a otras ciudades de México.

Conectar a los perdidos con Jesús. Discipulado que cambia vidas. Líderes multiplicadores. Generación de recursos locales. Así se ve un movimiento.

¿Cuál de los elementos de un movimiento te emociona más?

¿Cuál de los elementos de un movimiento te resulta más desafiante?

¡sé parte de un movimiento!

Mi organización cree fervientemente en los movimientos, pero rara vez conozco a alguien que haya visto o haya sido parte de uno. He tenido el privilegio de ser parte de dos – en uno como participante clave, en el otro como mentora/asesora. Esas experiencias fueron emocionantes, vigorizantes, divertidas, desordenadas, satisfactorias y también requirieron de mucho trabajo. Ambas oportunidades fueron un sueño hecho realidad… y me encantaría ayudar con muchos más. Al estar leyendo para mi maestría, leí un capítulo acerca de los movimientos en el libro de Parker J. Palmer, The Courage to Teach (La valentía para enseñar). El libro enumera cuatro etapas de los movimientos que reconocí inmediatamente. Creo que entenderlas podría ayudarnos a ver muchos movimientos en los años venideros.

Etapa 1 – Suficiente de tener una vida dividida

Los movimientos comienzan cuando alguien decide: “No lo soporto más. No puedo vivir una vida externa que es tan diferente a las convicciones de mi corazón.” En el ministerio esto significa que seguiré el corazón de Dios y haré lo que sea necesario, iré a donde tenga que ir para ganar __________ (completa la línea: mujeres, estudiantes, profesionistas, atletas…) para Cristo… porque esto es lo que Él me ha llamado a hacer. A pesar de lo que pudiera parecer en mis circunstancias y con mis dones, no voy a dejar que el desánimo, el miedo, la ocupación, los hijos pequeños, el desinterés de la organización o las críticas de los demás se interpongan en mi camino. No culparé a nadie más o a la organización por mis carencias – ¡Seré honesto conmigo mismo! Nunca vamos a ver que Dios construya más movimientos espirituales, sino llegamos individualmente a este punto en nuestro corazón.

Etapa 2 – Apoyo en comunidad

El siguiente paso es compartir con alguien más nuestra semilla de mostaza de fe y convicción, admitir frente a alguien más que quiero ser y hacer algo nuevo. Es muy fácil que nuestro entusiasmo se muera si no contamos con el ánimo de los demás. La comunidad puede ser nuestra familia, nuestro equipo, algunos amigos – cualquier compañero que piense como nosotros. Nuestra comunidad nos da consuelo mutuo (“No, no estás loco.”), un vocabulario en común para nuestra visión y a menudo las habilidades y la capacitación necesarias para hacer nuestro sueño realidad. Trabajar juntos en un equipo dinámico y saludable es una de las partes más sinérgicas del movimiento.

Etapa 3 – Hazlo público

Un verdadero movimiento no se esconde a puertas cerradas ni manipula a su gente en secreto. Un verdadero movimiento comparte su visión y sus recursos con otros, busca retroalimentación para mejorar y se asocia con otros para lograr un mayor impacto. A veces parece que fuera más fácil quedarse pequeño y privado, pero entonces perderíamos la oportunidad de desafiar e influenciar a otros y perderíamos la bendición de trabajar y aprender de ellos. Recibir retroalimentación de los demás nos ayuda a evitar el sentimiento de superioridad moral, el egocentrismo y la auto-suficiencia… y nos ayuda mantenernos enfocados en el Reino.

Etapa 4 – No hay nada mejor

Una vez que hayamos comenzado a experimentar el fruto del movimiento spiritual ¡no hay nada más inspirador! La multiplicación descontrolada, la verdadera transformación de los discípulos, el crecimiento de nuestro carácter – todo esto trae un sentimiento de satisfacción que dice: “¡Esto vale la pena, no hay precio que fuera demasiado alto que no pagaría ni hay algún premio que valga más!” No quiero estar involucrada en nada que sea menos que esto.

¿Has sido parte de un movimiento? ¡Por favor cuéntame de eso! Me encantaría aprender de ti…