sueña

Tenía  un sueño especial para este verano. Quería llevar a mi familia en un viaje divertido manejando desde Nuevo México hasta el lago de Wisconsin para ver a la familia de mi esposo. Casi han pasado 10 años desde la última vez que fuimos; muchas cosas han pasado en esos años y ya hemos dejado pasar demasiado tiempo para reconectarnos. Nuestros hijos estaban muy emocionados con la idea y comenzamos a planear con meses de anticipación. Escogimos fechas al final del verano cuando los siete estábamos disponibles para viajar juntos.

Comenzamos a soñar.

Entonces en la primavera, la mamá de mi esposo, “Nanny”, se enfermó. La diagnosticaron con cáncer pulmonar y el panorama no parecía muy alentador. Ella estaba débil, le costaba trabajo respirar y los doctores no estaban seguros de que viviría hasta agosto.

Tuve que dejar el sueño y enfocarme en el presente.

Las llamadas telefónicas ya no se trataban de los divertidos planes para el viaje. En vez de eso, las discusiones se enfocaban en las citas con el doctor, en los exámenes para determinar el daño, las opciones de tratamiento, el temor de perder a Nanny rápidamente y la posibilidad que mi esposo viajara de inmediato a Wisconsin.

Estaba enojada. Desilusionada. Asustada. Sentí que le hicieron trampa a mi sueño… y me sentí culpable por pensar en mis propios deseos cuando algo mucho más importante estaba en juego. Mi corazón estaba hecho nudos. Deseé nunca haber tenido el sueño. Un minuto quería dejarlo todo para volar y acompañarla; al siguiente minuto quería negar la dura realidad y todavía poder tener mi viaje divertido, sin complicaciones.

Finalmente me rendí y abadoné el sueño.

Era hora de tener un nuevo sueño – salud, sanidad, tiempo para Nanny. Ajustamos el plan… cuatro de nuestros hijos hicieron su propio viaje al norte a principios del verano – en caso de que el viaje después ya no se hiciera. Mi esposo llamó casi todos los días para saber cómo estaba ella y él estaba listo para viajar en cualquier momento. Yo oré… mucho.

Los milagros sucedieron. La quimio funcionó. Nanny soportó un tratamiento, y otro y otro. Sin cura, pero con más energía y más tiempo…

Tiempo para un sueño.

Acabamos de terminar una semana increíble en Wisconsin con la familia. Nosotros siete – y un perro – viajamos toda la noche para llegar aquí. Fue muy loco… y divertido. Todavía me cuesta creer que todos estamos aquí… jugando, riendo, llorando, cantando. Estamos comiendo con Nanny… y ella se sienta con nosotros frente a las fogatas… y ella se siente bien.

He aprendido que está bien soñar… siempre y cuando no esté agarrando ese sueño muy fuertemente. A veces tengo que dejar ir el sueño porque nunca puede ser realidad. A veces los sueños cambian de forma y de tiempo. A veces los sueños se vuelven realidad – una sorpresa o un regalo no merecido. Tener miedo de soñar no es la respuesta. Los sueños significan que la vida tiene esperanza y corazón… eventos por los cuales esperar… gente con la cual estar… metas que alcanzar… memorias que atesorar. La vida es mejor cuando soñamos.

¿Cuál es tu sueño? ¿Hay algo que te aleja de tu sueño?