haz que cada día cuente

Hace unos días, un hombre murió mientras paseaba en su bicicleta. Era un hermoso domingo por la tarde en una tranquila colonia no muy lejos del parque. Estaba en buena condición física, felizmente casado, padre de tres hijos jóvenes. Un chico de 18 años tomó la tonta decisión de manejar bajo la influencia de drogas, y en un momento, un buen hombre murió.

La vida es sólo un suspiro.

Estoy sacudida por la temprana “ida a casa” de este hombre… Estoy segura que él planeaba muchos años más de trabajo y juego. Se cuidaba a sí mismo. Estoy segura de que su esposa no imaginaba vivir el resto de su vida sola sin él. ¡Qué cambio tan inesperado y doloroso! Oro por ella, esperando que no tenga nada de que arrepentirse de sus últimos días… semanas… años juntos.

Y me doy cuenta de que vale la pena repetirlo… ¡Vive cada día como si fuera el último de tu vida! No dejes para mañana lo bueno que puedes hacer hoy, porque podría no haber una mañana. ¡Aprovecha el día! Vive bien. ¡Haz que cada día cuente!

Di “te amo”. Perdona. Escucha bien. Descansa. Juega. Llama a tu familia.
Empieza a hacer ejercicio. Ora. Huele las flores. Lee. Da un abrazo. Baila.
Canta. Disfruta un postre delicioso. Di “gracias”. Llora con un amigo/a.
Enciende una vela. Ayuda a alguien. Arulla a un bebé. Ríete fuerte.

No tengas de qué arrepentirte.

Yo necesito escuchar este recordatorio todos los días.

¿Qué tal tú? ¿Cómo haces que cada día cuente?