cuidados para nuestro llamado

Vivir mi llamado como portadora de la imagen de Dios y ser parte de Sus propósitos es la gran aventura de la vida.  Mi llamado tiene valor, poder y propósito. Dios me ofrece vida abundante, pero al enemigo de mi alma le gustaría limitarme y controlarme. He identificado cuatro amenazas con las que batallo para cuidar mi llamado.

                                                          CLICHÉ:  Como mencioné antes en mi blog, las “reglas” hechas por las personas, comunicadas en forma de clichés de los roles de hombres y mujeres, pueden inhibir mi llamado. Aunque no encuentro una lista de roles delineada en la Biblia, sí hay una lista de dones espirituales. Estos dones no están limitados por el género; tienen una variedad increíble y libertad, y son muy importantes para determinar el enfoque de mi llamado.

Si tengo el don de la oración, servicio, misericordia, enseñanza, liderazgo, exhortación, evangelismo o discernimiento, mi don(es) particular(es) se van a demostrar al trabajar en mi llamado – en casa, en el trabajo o en el ministerio. La autoevaluación y la confirmación de otros me han ayudado a conocer la manera en la cual Dios me ha dado dones. Cuando trabajo con mis dones, experimento mucho fruto y gran gozo.

CULTURA: Al vivir y trabajar en el extranjero ya por muchos años, he escuchado excusas culturales para limitar las responsabilidades y las oportunidades de hombres y mujeres. Aunque tengo un profundo respeto por las influencias culturales, la verdad bíblica es mi mayor parámetro. Cada cultura posee una riqueza maravillosa que podemos descubrir pero ninguna cultura es perfecta. Algunas normas culturales están fuertemente en contra de los mandamientos de Dios. Jesús actuó contra la cultura en sus interacciones con las mujeres, en Su servicio a los discípulos y en Sus encuentros con pecadores. Cuando yo escojo ir “contra la corriente”, a veces tiene un precio – desde burlas sutiles hasta fuerte crítica – pero mi prioridad más importante es honrar a Dios… y a veces tengo la oportunidad de mostrarle a los demás un ejemplo nuevo y sano.

COMPARACIÓN: Frecuentemente soy mi peor enemigo. Los problemas se aparecen cuando comparo mis dones y deseo otros, o les doy a los dones diferentes “calificaciones”. Critico y juzgo otros (“No es espiritual hacer…) o batallo con sentimientos de inferioridad y menos valor (“Debería hacer más de…”). Desapruebo y me pongo en contra de decisiones de trabajo, roles en el matrimonio e involucramiento en el ministerio que son contrastantes, en lugar de aceptar las diferencias y expresar aceptación a los demás. La comparación es un arma poderosa y efectiva del enemigo. He aprendido que puedo luchar en contra de la comparación dándoles gracia y ánimo a los demás.

COERCIÓN: El lado extreme del poder es la coerción – abuso, violencia, explotación. Nunca he experimentado estos extremos pero otros sí lo han experimentado – especialmente las mujeres. En cualquier momento que yo le atribuyo menos valor a los demás (bromas, insultos, desigualdad), estoy siendo irrespetuosa al llamado de Dios de esa persona y debilito las defensas contra la coerción. Estoy aprendiendo a respetar y defender el valor y el propósito de Dios en cada persona.

Un último pensamiento… puedo sacrificar mis dones/habilidades/pasiones voluntariamente y con gozo por una temporada – momento, día… incluso años, para poder cuidar o servir a otro. Jesús se limitó Él mismo por tiempo por nosotros. Sin embargo, esa decisión no debe ser impuesta por clichés, la cultura, la comparación o la coerción… y siempre debe hacerse en el contexto de mi valor como una portadora de la imagen de Dios y mi llamado a involucrarme en Sus propósitos.

Te animo a conocer tus dones únicos – también considera tu personalidad, experiencia, etapa de vida, etc. – y después comprométete de todo corazón a reflejar la imagen de Dios a un mundo perdido. ¡Disfruta la aventura!


caring for our calling

Living out my calling as an image bearer and partner in God’s purposes is the great life adventure. My calling has value, power and purpose. God offers me abundant life, but the enemy of my soul would like to restrict and control me. I have identified four threats I battle in order to care for my calling.

                                                          CLICHÉ: As I mentioned in an earlier blog, human-made “rules”, communicated as cliché men’s and women’s roles, can inhibit my calling. Although I do not find clearly delineated role lists in the Bible, I do find lists of spiritual gifts. These gifts do not have gender limitations; there is incredible variety and freedom, and they are very important for determining my personal calling focus.

If I am gifted in prayer, service, mercy, teaching, leadership, exhortation, evangelism, or discernment, my particular gift(s) will show up as I work out my calling – at home, work and ministry. Self-evaluations and confirmation by others have helped me know how God has gifted me. When I operate out of my gifted-ness, I experience both great fruitfulness and great joy.

CULTURE: Having lived and worked internationally for many years, I have heard cultural excuses for limiting men’s and women’s opportunities and responsibilities.  Although I have a deep respect for culture influences, Biblical truth is my greater standard. Every culture has wonderful richness that we can glean, but no culture is perfect. Some culture norms go strongly against God’s commands. Jesus acted very counter-culturally in His interactions with women, in His service to the disciples, and in His encounters with sinners. When I choose to go “against the flow”, it sometimes carries a price – from subtle scoffing to strong criticism – but my most important priority is to honor God… and sometimes I get to demonstrate a new healthy example for others also.

COMPARISON: I am often my own worst enemy. Problems arise when I compare my gifts and desire another’s, or “grade” the gifts with different values. I criticize and judge others (“It’s not spiritual to…”) or struggle with feelings of inferiority and less value (“I should do more of …”). I take sides and disapprove of contrasting work choices, roles in marriage, and ministry involvement rather than embracing differences and expressing acceptance to others. Comparison is a powerful and effective weapon of the enemy. I’ve learned that I can fight comparison by giving grace and encouraging others instead.

COERCION: The extreme side of control is coercion – abuse, violence, exploitation. While I have never experienced these extremes, others do – especially women. Anytime I attribute less value to another (jokes, insults, inequity), I disrespect God’s calling for that person and weaken defenses against coercion. I am learning to respect and defend God’s value and purpose for every person.

One last thought… I can lay down any of my gifts/abilities/passions voluntarily and joyfully for a season – moment, day, …years even, in order to care for or serve another. Jesus limited himself for a time for us. However, that decision should not be imposed by clichés, culture, comparison or coercion… and it should always be done in the context of my value as an image bearer and my calling to be involved in God’s purposes.

I encourage you to get to know your unique gifting – also consider personality, experience, stage of life, etc – and then engage wholeheartedly in reflecting God’s image to a lost world. Enjoy the adventure!